jueves, 11 de agosto de 2011

El Salvador, hoy (parte 4)

Buenos días, mis bienamados y bienamadas. Antes de que broten los reclamos, sí: faltan la segunda parte sobre los hombres y la cuarta de la educación, y quién sabe qué putas más. Parecerá excusa, pero sufro en carne propia las mieles de trabajar en la madrugada por unos cuantos dólares más. Por supuesto, como un estudiante de comunicaciones de cuarto año, debería estar buscando un trabajo social y profesionalmente más rentable y gratificante, pero en este país somos tan animales que exigimos experiencia laboral al recién graduado, y a menos de que para eso cuente trabajar en Starbucks o volarse la gallarda paloma –ambos trabajos loables-, entonces estamos jodidos.


A eso, precisamente, va mi entrada de hoy: cómo la mediocridad se eleva por sobre los cánones de la decencia. Debo aclarar que no solo me refiero a esta en cuanto a destrezas laborales , sino también intelectuales. ¿Quién putas soy yo para sancionar los siguientes decretos? Pues bien, si Dios fue capaz de abandonar a Jesús mientras pendía de la cruz, si hay público para ir a ver Los Pitufos y si la muerte aún sigue jugando al ajedrez con Castro, pues entonces el más preclaro de los gordos cerotes –léase: yo- tiene tanta potestad de hablar majaderías como la del dólar de residir en la faja de una bailarina del LIPS. Comienzo.


Mediocridad laboral


Para que usted se dé cuenta de qué tan tóxica es la idea del salvadoreño vulgar –redundancia, lo siento- a la hora de evaluar su ambiente laboral, es pertinente mentalizarse en que el ascenso (al igual que los aumentos salariales) no se consideran escalones en tanto que dádivas. Un ejemplo de esto es escuchar a la vieja puta con personalidad de trapeador que tiene a su lado hacer el escándalo diario sobre cómo, después de trabajar durante 40 años en la misma compañía, no ha hecho más que archivar documentos en un escaparate. Que nunca se apreció su valor en la empresa. Que su conocimiento de la logística (palabra que seguramente aprendió en alguna telenovela) del entorno la haría una excelente supervisora. ¡Ea! Un papagayo con un ancla en el culo hundiéndose en ultramar resultaría menos grosero.


No nos quedemos con este modelo, que hay otros peores. Enfoquémonos en el periodismo salvadoreño. Desde antes de la guerra, esta disciplina –ojo, que no ciencia, necedad que cierto cabrón estúpido establecería como perogrullada ante mis compañeros de clase- se ha ocupado para dar acogida económica a aquellos que por deficiencias intelectuales o económicas no pudieron ejercer estudios superiores… en el caso de haberse graduado de bachilleres. En un país tercermundista como este, con el conflicto armado cocinándose, Monseñor Romero descendiendo al averno y el clima político enervándose, no es raro que la rebusca por un empleo que satisficiera las más básicas necesidad de supervivencia dirigiera a muchos al periodismo. A fin de cuentas, ¿qué cuesta irse a parar frente a una pila de muertos, preguntar a unos cuantos qué paso y hacer una nota periodística? Sin menospreciar este tipo de acercamiento, que en un contexto tan peligroso como el ya establecido era casi como firmar el suicidio, reconozco que es un sistema que debió haberse abolido –o, al menos, reducido- luego de terminado el armisticio, no porque no sea efectivo, sino porque se necesitaba un tipo de periodismo más profundo, deliberado y libre de tendencias radicales adquiridas durante las últimas dos décadas.


Por desgracia, los mercenarios de la pluma siguieron brotando durante los noventa y aún en la pasada década, alimentados por los fósiles remanentes del caso anteriormente expuestos. ¿Quiere encontrarlos? No vaya muy lejos, solo fíjese quiénes dirigen dos de los grandes periódicos del país con tendencias políticas muy diferentes: Francisco Valencia, del Diario CoLatino, a quien debería rebautizarse como Bob Esponja en honor a sus buenas intenciones con poco menos que torpes resultados; mientras tanto, en el Diario de Hoy, tenemos a Enrique Altamirano, con un acervo cultural envidiable pero con el sentido común de un mascón para retrete. Ambos, vistos por sus respectivos apóstoles, como héroes del periodismo. Apóstoles, por cierto, que siguen ocupando la palabra bizarro como sinónimo de extraño. Para su información, porque a lo mejor usted tampoco lo sabía, bizarro significa valiente. Ya ve, aprendió algo nuevo en este relleno sanitario que manejo.


Mediocridad Intelectual


“Habilitar el matrimonio entre personas del mismo sexo sería romper las últimas líneas de defensa moral de la sociedad salvadoreña” – Rodolfo Parker dixit


Estoy consciente de que Rodolfo Parker es uno de mis fetiches, pero no porque piense que el tipo es un completo idiota. No quiero parecer blando, a lo mejor el hombre tiene alguna característica redimible; desgraciadamente, cada vez que opina sobre algo tiende a dejar sus habilidades cognitivas en seria evidencia. El tema de las uniones entre parejas homosexuales es un termómetros intelectual bastante fiable. Pregúntele a su conservador más cercano qué piensa del amancebamiento gay, y luego sobre el matrimonio: será como haberle dado palomitas de maíz con fulminantes.


Hace un par de meses, mientras estaba chupando yo solo en el Friday’s, tuve el honor de asistir a un convite de ilustres trogloditas que se encontraban en otra mesa, quienes discutían y razonaban a un nivel tal que ni la intromisión de un Deus Ex Machina hubiera logrado detener semejante eclosión de astros. Le presento, de la manera más íntegra que pueda, el evangelio de esta pléyade de semidioses:


Mujer 1: Ay, no. Es que cómo se está poniendo de moda eso de hacerse gay vea.

Hombre 2: Puta, de plano que sí. No hace poco el Charlie salió culero.

Hombre 1: Men, desde que me di cuenta ya no lo puedo ver a los ojos.

Mujer 2: Y no solo él, mira la Tita, acordate que después alli salió con esa su noviecita…

Mujer 1: Ah, pero eso es pasable; o sea, entre dos mujeres está bien, pero ya entre dos hombres…

Hombre 1: ¡Es que da asco!

Mujer 2: ¡Cabal!


…


Gloria y honor a ti, señor Jesús.


No quiero hostigar más reescribiendo esa tupida plática, pero la conclusión llegó cuando, en unísono, proclamaron el axioma de poco ornato de que está bien que vivan juntos, pero jamás que sean reconocidos como un núcleo familiar oficial, y mucho menos que se les deje adoptar niños. Razones –palabra ocupada con mucha soltura-, varias: que faltaría la figura materna/paterna, que el niño/a se haría homosexual, que sería una vergüenza en el colegio, qué pensaría el Vaticano, que habría confusión al ver a los demás compañeros. Cháchara. Esta misma gente es la que sostiene que los homosexuales no podrán estar a la diestra de Dios. Ah, mire qué vergón. O sea, ¿Dios los crea y después los manda a la mierda? Hay quien se excusa de que está en la Biblia y –¡no más!- desde el Antiguo Testamento, especialmente en libros como el Levítico y el Deuteronomio. Para el Aníbal de turno que siquiera espete semejantes estupideces, cabe recordarle que el Dios mostrado en ambos testamentos es muy diferente; bipolar, si lo quiere más chic. Pablo de Tarso no cuenta para mí, porque un cristiano que se precie de seguir a Jesús no necesita de un “perfeccionamiento” de su doctrina porque, a fin de cuentas, ¿no es suficientemente perfecta su enseñanza al ser el hijo del Altísimo? Hay quién dirá que el término "adulterio" se aplica también en relaciones homosexuales a lo largo de la Biblia, pero eso ya es meterse en batallas semánticas que, obviamente, no ganaré.


Lo triste es que el fanatismo religioso (mal llamado ética en algunos ambientes universitarios) se está extendiendo hacia la medicina. Nada nuevo, a fuerza de ser honestos, pero peligroso. Caer en un nuevo oscurantismo científico solo porque Dios se va a enojar sería un error descomunal. Un buen amigo mío, con una retentiva envidiable y un excelente desempeño en su génesis hipocrático, publicó en Facebook un artículo en el que se hablaba sobre cierta manipulación genética que podría ayudar a combatir enfermedades de toda índole (no recuerdo bien los beneficios). Comentó, debajo de su misma publicación, que reconocía la relevancia de dicha investigación pero que, a su vez, no era correcto porque era jugar con lo que no nos incumbía. Un par de sus compañeros le hicieron el ídem y hasta un catedrático aportó un genial “por que pueda hacerse, no necesariamente debe hacerse”. Me encantaría haberlo puesto tal y como sucedió, pero cuando comenté “Galileo Galilei te manda saludos de parte de la Inquisición”, mi amigo borró la publicación. Él sabe que lo aprecio bastante, pero no tengo ningún inconveniente en citar este pasaje para efectos de comprensión.


El salvadoreño se precia de ser trabajador, ¿sabe? A pesar de que detesto la exclusividad continental del gusto hacia el trabajo, me parece aún más repugnante escuchar la vanagloria regional por tener los mejores centros comerciales. ¿Tiene idea de cómo le vendieron El Salvador a una muchachita colombiana? “Un Estados Unidos, ¡pero en chiquito!” (sin aras de ofender, pues fueron sus papás, también colombianos, los que hicieron tal recomendación. Noten hasta qué punto estamos transmitiendo nuestro gen orate). Los monstruos que suelen defender a El Salvador como el mejor país de Centroamérica por la razón antes mencionada a lo mejor no caen en cuenta de que el turista promedio viene a estos países a explorar fauna y flora para ellos solo conocida en postales o fotos; claro, estos emires son los que rendían pleitesía por el rostro de Ramón Valdés (Don Ramón) para acabar con las extorsiones de las maras.


**


Permítame dejar el texto hasta aquí, mi cabeza no da más. Prometo escribir más seguido, para quien aún esté interesado.


Chepe


PD: Aunque no le importe, me siento increíblemente feliz de haber vuelto a escribir. No es sarcasmo: en mi estado, consideraba imposible hilvanar un texto de esta extensión de nuevo. Gracias por leer.

viernes, 3 de junio de 2011

La educación en El Salvador, parte III

Después de un curso que hice en la ESEN para hacerme economista por mandato divino de mi bisabuela, que aún vivía, decidí estudiar lo que de verdad quería: Comunicación Social en la UCA (decisión que por obra y gracia del espíritu santo no mató a la nonagenaria antes de tiempo). En mi carrera he tenido profesores muy buenos, regulares, poco destacables y muy malos. De hecho, decidí escribir esta chanfaina porque pensé que una profesora que respeto mucho estaba intentado que le presentara un trabajo mediocre al pedirme que lo redactara con “términos pedestres”. A pesar de que me sentí increíblemente frustrado, traté de mentalizarme con que estaba intentando ayudar a mi grupo a obtener una mejor nota, o algo parecido. No obstante, no podía quitarme la idea de que se me estuviera pidiendo semejante herejía.


¿Acaso la huevonería aborda a los profesores más talegones? A lo mejor, pero existía otro factor que no había tomado en cuenta: menosprecio hacia los alumnos. Para este caso parecía encajar a la perfección ya que mi profesora había sacado un postgrado en Chicago, lo que supone exponerse a otra cultura académica. Por un par de días, mi conclusión se afianzó como un placebo para alimentar mi corazonada de ser un alumno menospreciado, minusvalorado y todos los adjetivos lastimeros que se le ocurran. Reza un dicho que aquel que escupe al aire termina con el salivazo en la cara –en mi caso, y después de casi dos semanas sin hacerlo, me masturbaba acostado boca arriba en mi cuarto cuando terminé con una mascarilla facial-, y no hay mejor analogía para la epifanía que se abalanzó sobre mi cabeza… y cara.


Recordé a todos los profesores realmente malos que he tenido y las razones por las que de verdad eran terriblemente poco calificados para la docencia: renuencia para llegar al salón, pasotismo a la hora de dar las clases, estándares de calidad a la altura de las fosas de las Marianas –léase: el punto más bajo del océano-, y demás ignominias contra el intelecto. No había explicación lógica a dichos comportamientos porque el que quiere ser profesor universitario sabe a lo que se está metiendo, por lo general. Miré a mi alrededor, entonces, y me di cuenta.


El problema no era mi profesora, o todos los orates que han caído dentro de los vicios arriba mencionados, sino los estudiantes. Antes de que considere mi conclusión más desvacilante que meter la verga parada en una cubeta con hielo, permítame prometerle una buena explicación en la siguiente entrada de esta basura, pues ya me agarró la tarde para el trabajo. Créame, trabajar en la madrugada, lluvias tan repentinas y los chascarrillos de Funes en el trono presidencial –de lo que no pienso escribir porque mi opinión no serviría de nada, además de que ya varia gente en redes sociales y demás medios hizo el escándalo- es tan desgastante que me siento peor que el papel periódico que ocupo para recoger la mierda de mi perro.


PS: Ya edité mejor esta entrada, estaba plagada de horrores ortográficos así como palabras omitidas.

martes, 24 de mayo de 2011

La educación en El Salvador, parte II

La otra gran mentira tiene dos lados: los profesores y el sistema educativo. Si comparamos las materias que tanto el Liceo Salvadoreño como el Externado “San José” imparten durante los doce años que uno funge como su prisionero, encontraremos muchas similitudes: física, matemática, química, sociales, lenguaje, etc. Es más, algunas de ellas sin impartidas por el mismo profesor en ambas instituciones en bachillerato, como física, química y matemáticas. La gran diferencia radica en como estos profesores se desempeñan en uno y otro colegio; en el Externado, si pregunto por “Mingo”, “Charlie” o Monzón –decanos de las materias antes mencionadas- me responden con alegría que son de los recuerdos más bonitos que tienen, que aprendieron dichas disciplinas con fervor patrio bajo el fomento intelectual. Si me preguntan a mí, y lo diré en el mismo orden en que están listados, uno estaba más preocupado en “culturizarnos” en el rock progresivo y su disco duro con más de 200 Gb de pornografía, el segundo pronunciaba la palabra “sexo” cada trago de saliva y el tercero… hizo lo mejor que pudo.


Sin embargo, no es este fenómeno el que me hace envidiar a los pericos. Para quien haya estudiado en el Liceo Salvadoreño al menos hasta el año 2007, sabrá que la materia que nunca salió del itinerario anual fue Religión. Perfecto, colegio católico mariano. Como las matemáticas, uno supondría que la progresión natural de una asignatura como esta sería inmiscuirse más y más en asuntos teológicos que dieran armas al alumnado para defender y entender su fe. ¿Le cuento un secreto? Durante 12 años, ocupamos el libro de Santillana de dicha temática y no recuerdo haber aprendido absolutamente nada. Ahora, quiero aclarar que yo era alguien muy católico, y esta materia me la pasaba por los huevos de lo fácil que me resultaba. Mi interés era genuino, pero cuando todo lo que vas a aprender es que Dios es bueno, la Virgen su madre y los santos no adoran, si no que se veneran… En el Externado, comienzan a estudiar filosofía desde no me acuerdo qué grado. Puta, ¿es necesario que diga más?


No sé si será la irrupción de las niñas o si los hermanos maristas y profesores reflexionaron sobre la mierdera formación que estaban dando, pero ahora ya hay clases de baile, corte y confección, estética avanzada, kinder… ¡y hasta es bilingüe ya! ¡Ah no, pues sí, chis pues puta! ¿Qué hay de aquellos compañeros que tuve que sufrían con inglés y que salieron sabiendo poco menos que nada? Con profesores como Ulises Cuéllar o Julio “Comoputasseaelapellido”, estar en una academia aprendiendo aparte el idioma era de rigor. Algunos dirán que alguien que estudie en el Liceo y no se preocupe de fomentar por sí mismo sus propias actividades extracurriculares cae en la irresponsabilidad. Para el troglodita estúpido imbécil que se atreva a hacer semejante afirmación, tenga en cuenta que no todo el que va a dicho colegio llega en helicóptero, ni es hijo de diputado, narco o empresario, que pagar 90 dólares mensuales doce veces al año (porque Noviembre, aguanta, lo cobran dos veces) no es ningún chiste, especialmente cuando hay más de dos miembros de la familia dentro del colegio. Aún así, para mí todo estaba bien. No había nada mejor que ser león.

lunes, 23 de mayo de 2011

La educación en El Salvador, parte I


Estoy consciente de que al escribir este artículo, posiblemente me eche tierra encima de mis aspiraciones académicas y laborales, pero si ya tengo a medio Tabernáculo detrás de mi trompeta gástrica (léase: culo), no veo como podría irme peor. Para aquellos que hayan leído mi blog desde el principio, sabrán que estudio Comunicación Social en la UCA, y si no me equivoco se cumplirán ya casi tres años desde que escribí esa trilogía de entradas –cuando de hecho la gente departía en este expendio. Quisiera escribir un poco sobre mi experiencia educativa hasta el momento, porque hoy tuve una experiencia un tanto desagradable para mi gusto. Advierto que este post no sea como los anteriores por que es más un lloriqueo, pero si deciden leerlo, por favor aguántenme, les prometo darles lo que les gusta después de esta.


Estudié en el Liceo Salvadoreño toda mi vida, sin dejar un año y sin mayores complicaciones. Entre los míos, destaque por ser el niño del coro –puedo cantar, ¿y qué putas pues?- y por no ser tan pendejo para las clases, aunque no en línea con los genuinos intelectuales de mi promoción. Este colegio siempre se ha visto como uno de los bastiones de la educación salvadoreña, con formación integral en los valores cristianos y profesionales bajo la infatigable devoción de los hermanos maristas. He aquí la primera gran mentira.


Sin menospreciar a mis compañeros, que muchos de ellos son excelentes personas y estudiantes, puedo asegurar de primera mano que mucha gente que salió conmigo representaba a la palabra “vivián” mejor que Rodrigo Teos. Individuos con pocas luces más preocupados de fortalecer su hígado que sus cerebros. No me quiero centrar en eso, sin embargo. Tuve profesores muy buenos y otros muy, muy malos. Execrablemente malos. Pusilánimemente malos. No tuve contacto directo con un hermano marista hasta que llegué a noveno grado… porque le tocó darme clase de religión. De lo contrario, los hombrecitos guardados en sus cuevas. Platicando con amigos que salieron de otras instituciones maristas, se quedaban incrédulos al comentarles este fenómeno porque “sus hermanos” siempre pasaban cerca de ellos. ¿Qué podía ser diferente? ¿Por qué la única forma en el Liceo Salvadoreño para conocer a un hermano marista era ser remitido a la dirección o participar de un grupito menor llamado REMAR –cuyo hermano encargado, al irse a Guatemala en “misión de fe” tiempo después, renegó de sus votos y decidió casarse-?


Muchos años después, con mi hermano recién metido en séptimo grado –se pasó de La Asunción- y el testimonio de madres que aún tienen hijos allí, me di cuenta del por qué no interesaba a los hermanos maristas codearse con el alumnado.


Hasta hace poco tiempo, en el Liceo solo había hombres. En los demás colegios había hombres y mujeres. Mujeres. ¿Se dan cuenta? Resulta que hoy, como abundan las centrales lecheras en mi ex colegio (léase: chiches), los hermanos se han puesto las pilas para erectar los valores cristianos y marianos tal cual astas de bandera. Que conste que no sugiero ninguna falta a los votos de castidad, pero hay que dejarse de mierdas y recordar que los hermanos maristas son hombres con testículos y hormonas plenamente funcionales: como dice una canción que me fascina, “la verga es terca”.

sábado, 30 de abril de 2011

El náufrago II, con Mauricio Funes

Mauricio Funes se ha convertido en el paradigma del desencanto y ha dado lugar a que nuestro Caifás interno rasgue nuestro raciocinio y nos haga escupir sandeces a diestra y siniestra. El hombre, ateo convertido al cristianismo para conmemorar Semana Santa, se fue a vacacionar a Disney Land y allí tenemos al erudito de turno justificando o condenando el viaje. Hace un buen rato, en mi artículo “El náufrago, con Mauricio Funes”, comenté que nuestro Presidente, a pesar de ser tan buen comunicador, solía pecar de imprudente, y el mejor ejemplo de esto fue cuando acusó a Ávila de estar implicado en el asesinato de los tres diputados en Guatemala en base a un montaje en son de parodia por parte de un blog izquierdista de aquí. Después de publicarse esta foto, la opinión pública está más dividida que un par de nalgas devorando un delicioso solomillo de entrepierna (léase: una verga), y no necesariamente por el espantoso atuendo de nuestro presidente.


Hay una pregunta imperante de formular en cuanto a lo que ha sucedido: ¿Por qué? (Mourinho, 2011). ¿Por qué Mauricio Funes, conociendo el backlash político que le esperaba permitió la publicación de esta fotografía? ¿Acaso no sabía que aquí la gente es más sensible que un clítoris y que no hace falta mayor cosa para estimular sus subjetividades? Ronda por allí el comentario de que fue un familiar de Vanda Pignato el perpetrador de dicho acto, ¡solo eso le faltaba a Funes, ya no basta con la ANEP, FMLN y ARENA! Ambos partidos políticos están librando un debate particular del tema en el que los primeros defienden que otros areneros “han robado más” y los segundos satanizando a Funes bajo la excusa de que “he allí el cambio que querían”. Ninguno puede estar más equivocado, ni más correcto al mismo tiempo. Veamos.


El FMLN sostiene que es una hipocresía juzgar a Funes por viajar en vacaciones porque, para empezar, está en su derecho y porque otros presidentes areneros han vaciado su buena parte de las arcas del país. Un argumento de similar bagaje al de que el país está tan jodido porque ARENA se cagó en él, y ni modo. A ver, creen que uno es pendejo. Ya que menciono este último, ¿no creen que la campaña del FMLN debió haber rezado “Hola, somos el FMLN y no podemos hacer nada por el país porque no estamos lo suficientemente educados como para liderarlo; o sea, Fidel Castro era guerrillero pero al menos era un abogado de renombre y hablaba inglés, mientras que nosotros el único idioma aparte del español que podemos mascullar es ‘a verga’. Entonces, dennos su voto y con gusto les daremos cinco años de estar llorando que nadie nos apoya (como nunca hicimos nosotros con ARENA). Así, pues, ya viene el cambio… ¡de cerotes que se engordan la billetera en el ejecutivo!”? Con eso de lado, ¿qué putas importa si los ex presidentes (que no solo los areneros) se han dado la vida de sultanes mientras degustaban las delicias del trono presidencial? Eso ya lo sabe todo mundo, tal sentencia no devela nada que hasta el arenero más radical no tenga en cuenta. Sí tienen razón, ciertamente, en que el hombre tiene todo derecho de viajar. Además, no critique que Funes no hace “turismo” interno, le aseguro que a usted le entrego $15,000 –como mínimo- y la decisión entre el Burj al-Arab de Dubai y el Apulo Beach Resort no será muy difícil de tomar.


Los miembros de ARENA, como con todo lo que ha rodeado al partido de gobierno y su candidato desde que ganaron las elecciones presidenciales, no han hecho más que exigir que Funes entone el mea culpa y comienzan a relamerse al solo pensar que han encontrado la razón perfecta para despotricar contra el otrora paladín de las comunicaciones. Al fin y al cabo, la campaña del Frente prometía un presidente de la gente; ergo, se ha cometido una traición a la nación. Esta lógica solo concebible por los más grandes fariseos de la historia no se la creería ni el residuo genético de Vargas Llosa combinado con el de Roberto D’Aubuisson. Actúan como que si esta situación fuera inédita, como que toda figura política a. de F. (antes de Funes) fuera limpia de pecado y que ninguno de ellos hubiera ocupado el pisto que les dan para viáticos con motivo de darle otro aire a sus hediondos culos. ARENA ha caído tan bajo que justifica su mediocre campaña presidencial –en la que Arturo Zablah (Blablah para los cheros) parecía el candidato y Ávila su limpia botas- y resultados en ver lo mal que está haciendo Funes. No obstante, criticar esta rajada no tiene tampoco que ser condenable, ya que no es justo que se jacte de que puede ir donde el salvadoreño promedio solo puede mientras ve el inicio de cada película de Disney. De nuevo, no comprendo si Funes publicó esta fotografía por decisión propia o si la familia le jugó una mala pasada, aunque ha de haber sido lo primero, conociendo su carácter.


Si dejamos por sentado que todo salvadoreño, por más radical que sea, está consciente de que esto no es un evento sin precedentes, ¿por qué ha causado tanto revuelo una puta foto, que no es la única de tal índole? Lo atribuyo a dos factores fundamentales, dos errores de los que se puede atribuir tal al FMLN, tal a Funes. El primero fue la campaña organizada por el Frente en la que se afirmaba que su candidato era el ángel redentor que, con espada de fuego en mano, purgaría a los pecadores burocráticos, políticos, et al, y traería la felicidad al estándar de pobreza por debajo de la Tutunichapa -¿recuerda alguien qué pasó con aquella lista de plazas fantasmas que leyó el recién electo?-. La gente tenía mucha esperanza en el Frente porque, por fin, presentaban a alguien que de hecho hacía honor a haber egresado, siquiera, de la universidad. El segundo error fueron las decisiones de Funes durante su campaña, siendo dos de las más sonadas la elección de Salume como arzobispo de la CEL y, peor aún, su cambio de vivienda. Tanto a militantes de derecha, izquierda y asexuados –léase: sin definirse- les pareció chocante enterarse de que el candidato independiente del FMLN de repente viviera en una casita bien chiva y que se viera tan rodeado de pisto como Rico McPato. Añadiendo estos dos factores al subconsciente de la gente, tenemos una hecatombe a la confianza que le pregonaban porque no llegan a comprender cómo su presidente puede estarse dando la buena vida mientras ellos se cagan del hambre porque si tienen comida, no tienen gas, y viceversa.


No condeno que Funes viaje, su condición de presidente no lo exime de tal placer, especialmente cuando, siendo empleado público, tiene vacaciones programadas por el Código de Trabajo. El problema ha sido el timing de su viaje y su divulgación. En este país, como dije también hace bastante rato, los salvadoreños somos como los perros porque todo lo vemos en blanco y negro. Funes debe amoldarse a este fenómeno y actuar acorde si no quiere que su ciclo acabe en un coup de e'tat o, peor aún, con Rodolfo Parker de presidente.


Chepe


PD: Si quiere leer estupideces más seguido, le sugiera que me siga en Tweeter: @Cormajo . Hágalo, no sea vivián.


PD: La segunda parte de los hombres aún sigue cocinándose, es que últimamente me cuesta mucho escribir…


viernes, 4 de marzo de 2011

Los hombres, parte I


Antes de empezar esta homilía, quisiera dar las gracias a las maravillosas mujeres que comentaron la entrada anterior. Cuando regresé del trabajo, abrí el archivo para agregar un par de cosas más, pero dispuse no hacerlo después de leer los comentarios de mis lindas ninfas cibernéticas, quienes apuntalaron muchas de las cosas que iba a añadir, y unas cuántas más. Muchas gracias.


Los hombres, qué maravillosas criaturas –dejo por supuesto que solo me referiré a los varones en esta entrada-. Nos creemos el sexo fuerte, libre de fallas, emocionalmente más resistentes. Para que vea usted, hasta nos jactamos de que miamos parados. Pues fíjese que aquí empieza el primer problema: si bien es cierto que orinar parado es conveniente, nada en esta vida viene de choto (¿quiere coger con su mujer? Cásese, de lo contrario póngale candado a su riata). Así, si a una mujer que está orinando le entran ganas de echarse un pedo, tan las panchas manda el fax y listo; no obstante, si a un hombre a media miada le agarran sopores gástricos, más vale socar el esfínter so pena de encontrarse con un tamal de mierda en el calzoncillo.


Con las mujeres, senté un axioma (reflexionando, no sé si puedo calificar así a mis disparates), y creo que me servirá hacer lo mismo para planteamientos posteriores. Si la mujer desea ser como el hombre, entonces podemos asegurar lo siguiente -agárrese, voy a gritar de nuevo-:


EL HOMBRE DESEA SER COMO UN ANIMAL.


Para el hijo de puta con monóculo que está a punto de decir “ay ez que ezte tipo zi que ez un gil, zi el hombre de por zi ya ez un animal, obvio que va a zer como uno”, lo invito a que use su boca para fines más útiles, como hacerle un car wash con encerado incluido a la pija de Will Salgado. Pues verá, los hombres somos tan, pero tan estúpidos que entre más salvaje es nuestro comportamiento, más machos nos consideramos. Lo peor es que esto empieza desde chiquitos, ¿quién no recuerda la típica disputa de “mi papá es mas fuerte que el tuyo”? Por supuesto, esto evoluciona en el más que cliché “te voy a montar verga si te acercás a mi mujer”, y demás. Para que vea que no soy tan burro, déjeme darle un ejemplo más sutil: la música. El verdadero varón destruye-hímenes tiene que escuchar blackmetrashtalcore (definitivamente, las sinfonías y oratorios que le componen al diablo para que disfrute su Chianti Superiore en sus aburridas tardes infernales), porque todo lo demás es culerada. Mire, no es por criticar estos géneros, pero escuchar a Taz -el demonio de Tazmania de la Warner Brothers- es auditiva y musicalmente superior. Déjeme ir más lejos: ¿ha sido su hijo un accidente y todo intento abortivo fracasó? ¡Pare de sufrir! Póngale a todo volumen una de estas avernas composiciones a ese cerote a mitad de la noche y mírelo explotar. Por ende, al que no le guste Metallica, es culero. Al que no le guste el grunge, es culero doble. Al que le ponga un solo pero a Guns n' Roses, es tres veces culero y encima se le achaca disfrutar de la música de Britney Spears y Hilary Duff. Esto no solo implica perder el estatus de heterosexual –y digo “estatus” porque esto es lo más importante para un verdadero salvadoreño-, sino también toda credibilidad en la vida.


No nos quedemos allí. ¿Qué me dice de la forma de vestir? Ese es otro… no, lo siento, no puedo superar el punto anterior. Centrémonos ahora en otro tipo de música por la que también uno puede ser catalogado de vetusto, acabado, retrograda. Si no le gusta The Killers, no sabe de la buena música. Si no eyacula con Coldplay (no sé si va unido o no, me vale tantas vergas le quepan en el culo a Donato Vaquerano), no ha vivido. Si Lady Gaga no representa un símbolo de liberación, pues… ¿sabe qué? Se me acaban de venir una catazumbada de ideas la mente que se me habían olvidado sobre la entrada sobre las mujeres, si les interesa que las publique, háganmelo saber en los comentarios. De momento, ya me desvacilé y dejo el tema de la música hasta aquí, creo que ha quedado suficientemente claro. No se preocupe, aún hay mucho que tijeretear.


Siempre he pensado que los hipopótamos son animales interesantes. Son gordos y mierderos, tienen un semblante bien pendejo y juraría que su propio cerebro apelaría al suicidio si cobrara vida propia y se viera encerrado en una coraza tan mediocre. Ah, pero Dios no quiera que una de estas bestias se empute porque corren como si llevaran un generador de fisión nuclear en el culo y son más feroces que la erupción del Vesuvio. ¿Qué razones podrían detonar a estas bazookas de la naturaleza? Entre otras, que se deambule en su territorio y que se metan con sus hembras. No me parece mera casualidad que tanto el cuadrúpedo en cuestión como el mariachi salvadoreño –o ebriachi, si es que alguien aún se acuerda de eso- reaccionen de forma similar ante dichas situaciones. La diferencia es que cuando el cerdo gigante (el hipopótamo) deja quieto a su rival, le permite retirarse; el Rambo guanaco, por su parte, guarda un rencor más grande que los judíos por los tambos de gas hacia el agresor. No se ría, que es muy posible que usted sea de los que no soporta la idea que otro semental se quiera empotrar a su yegua, el solo pensamiento lo corroe. Y no me venga con mierdas, que mientras usted se dice a sí mismo con falso orgullo “que se la lleve, después le va a hacer lo mismo” su diafragma se contrae en sí mismo más estrepitosamente que la casa de los protagonistas de Poltergeist.


Dígame, ¿cuál es la gana de jurarle venganza eterna al que se atreva a conquistar a nuestras mujeres? La respuesta es bien sencilla: el orgullo por sobre el sentido común. El semental promedio no se pone a pensar que cuando le bajan a la mucura es porque el hombrecito en cuestión tiene algo mucho más interesante, sea física o intelectualmente. ¿Qué hacer, pues? Nada, a diferencia de los hombres, que nos vamos por aventuras y después siempre regresamos al cariño de la misma (para algunos, la mano), cuando una mujer ha decidido irse, se va, y pocas veces cambian de opinión. No hay razón de querer matar al tipo, ese es comportamiento de orangutanes… no, ni siquiera de dichos animales, pues ni los insectos matan por convicción a uno de su misma especie. Imagínese, somos más cavernícolas que una piedra. Ni siquiera debe ser mujer de uno para celarla, solo con eso ya hay de qué pensar.


Hablando de menesteres trogloditas, no podemos ver una mujer bonita porque ya parecemos asta de bandera apuntando hacia los cielos. Eso está bien y es normal mientras que no afecte nuestro raciocinio, si es que hay. Verá, la mejor alegoría para definir la irregularidad de un hombre ante una mujer bien dotada por Jehová –que se jodan los genes, ¡la sangre de Cristo tiene el poder!- es observando una verga parada: fíjese en dicho retoño de la virilidad y observe como, aún en su triunfo sobre la gravedad, el bombeo de sangre le hace vacilar levemente en su otrora disciplina militar. Dicho aumento en la potencia de la irrigación sanguínea puede convertir a un Neruda de los piropos y puteadas en un completo tatarata. Esto me lleva al siguiente punto: los hombres nos jactamos de que somos superiores a las mujeres ya que no nos viene la regla y, por consiguiente, no nos convertimos en Mr. Hyde cada mes. No es necesario, mis queridos neandertales, basta con que una mujer ande pavoneando las nalgas para que de la nada nos elevemos a un nuevo nivel del intelecto. Pongamos de ejemplo a José Pedro Rodríguez Martínez en dos situaciones diferentes para que veamos cómo un hombre pasa de ser un simple mortal a un Power Ranger de la labia:


José: No viejito, yo lo que creo es que vos no andas en la jugada porque no te llega Maiden, esa es música de hombrecitos; esa tu mierda de Hillary Spears nah, las buchas están buenas para un triqui trique pero hasta allí. A ver si te bajan los huevitos ya, así es el fútbol compadre.


José (ante una mujer bonita): Hola mi reina, ¿qué ondas pues? Hey, ¿cuál es esa rola que estás escuchando? Es que siempre me llego, hace años que salió y siempre quise saber cómo se llamaba. ¿Lucky, de la Spears? Ahhh, imaginate, ve, uno nunca sabe lo que le puede llegar, vea.


Es un asco ver como cambiamos de la nada ante mujeres que nos parecen atractivas. No sé si las mujeres notan esta actitud, pero es culpa de ellas el no reprender semejante hipocresía. No estoy condenando que un hombre demuestre, con su comportamiento, que tiene interés en hospedarse entre las piernas de una hembra, pero una cosa es demostrar fascinación y otra total idiotez.


Otra tontería que se me viene a la mente, y por consiguiente otro factor para medir la hombría, es el conocimiento sobre automóviles. Acepto que soy bien tonto y que no sé la diferencia entre un valero y una tijera, pero eso no implica que eso me convierta en una mujercita –que no tiene nada de malo, pero es el calificativo que le dan a uno-. Si bien es cierto que algunos personajillos sí conocen qué parte del carro va dónde, es triste enterarse de que la mayoría que se jacta de poder armar un carro entero con un desatornillador, un empaque vacío de condones y un Frutsi adquirieron sus conocimientos jugando Need For Speed o alguna barrabasada similar. Es como que yo quisiera ser un maestro de la equitación viendo un maratón de Mi Pequeño Pony en el canal 6.


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Como el título implica, aún estoy editando la segunda parte, pues no me parece tan bien hecha como esta primera -ja-. Supongo que es porque no he dormido mucho y me cuesta enlazar algunas ideas y blasfemias. Permítanme descansar un poco, e intentaré darles la segunda parte lo antes posible.


Chepe


PD: Gracias por seguir leyendo estas estupideces, sé que soy inconstante, pero espero -pero es-pero, JA- haber logrado apaciguar las ansias con esta entrega.

domingo, 27 de febrero de 2011

Las mujeres

Ah, maravillosos los días que hemos vivido en la gloria y gracia de Dios Padre: el Espíritu Santo ha bajado durante este mes haciendo vociferar a más de algún ebrio en lenguas indistinguibles pero no por eso menos legítimas. Por supuesto, la benevolencia del Altísimo que, por desgracia, no puedo ocupar en menesteres políglotas, la he tenido que gastar en pensar –y mucha mierda. Así, pues, me puse a delirar sobre hombres y mujeres, animales que resaltan en las campiñas del Señor por el grandioso don del raciocinio. Ya que menciono eso de los dones, se me ha venido una memoria a la cabeza: en mis primeros años del Liceo Salvadoreño, entre Preparatoria y tercer grado, recuerdo que para las fiestas de la cirrótica experiencia de los Apóstoles –Pendejostés, por supuesto-, nos daban a cada uno un papelito con uno de los siete dones del Espíritu Santo, los abríamos al mismo tiempo y, por supuesto, recuerdo los cuatro que me salieron: consejo, sabiduría, inteligencia y temor de Dios. ¡Arre, pues!


Metiéndome de lleno en el tema –y haciendo énfasis en el título de esta entrada, cuya sutileza e ingenio resulta revolucionaria para la literatura española-, voy a dedicarme a hablar de las mujeres, pero antes de sentar algún axioma para mi tesis –o sandez, lo que más le surta- partiré del hecho de que la mayoría de hembras salvadoreñas están bien enraizadas en el estereotipo de mujer, o sea: dócil, conquistable, dulce, et al. Ya se hace la idea. Así, pues, sentemos la siguiente máxima:


LAS MUJERES QUIEREN SER HOMBRES.


Si no cerró el blog de vergazo al leer eso, déjeme justificar semejante estupidez –según usted-: desde los movimientos feministas de mitad del siglo pasado, las mujeres han buscado la igualdad de género en todo ámbito posible, eso nadie lo niega ni condena. Sin embargo, algo se descuanchinfló en el proceso, y de un algo tan natural como la búsqueda por la relevancia social, las mujercitas han buscado parecerse más y más a los hombres que las han venido relegando a los sacrosantos prados de Satanás desde que las concepciones judeocristianas sobre ellas invadieron al resto de Europa por medio de la llegada del cristianismo. ¿Qué tiene de malo eso? Pues nada, en realidad. El problema está en un fin más barriobajero que Willie Maldonado, amparado en la heroína, hablando sobre cómo los homosexuales son la causa directa de las paupérrimas tasas de natalidad europeas. Así, pues, sentaré la segunda parte del mandamiento antes estipulado:


LAS MUJERES QUIEREN SER HOMBRES… PERO VUELVEN A SER MUJERES CUANDO LES CONVIENE.


  • Las mayúsculas no implican relevancia, sucede que estoy gritando como idiota enfrente del monitor.


Probablemente, usted no me cree, pero basta observar a una mujer que se autodenomina “moderna” para darse cuenta de tal afirmación. Ahora, bien: debo insistir en que cada humano, sin importar su género, es una dualidad de actitudes –y hormonas- que conlleva a diferentes emociones según la situación… pero no seguiré, lo voy a dejar hasta allí porque extenderme sobre ese tema tendría visos de inteligencia y debo mantener este espacio lo más rascuache posible, me basta con que entienda la idea de que me parece normal un fenómeno como tal. Sin embargo, no es lo mismo una dualidad que una total personificación de estereotipos, y déjeme ponérselo con un ejemplo Bíblico, como a usted le gusta:


Jesús, el sinónimo de amor en la tierra, mares y Vía Láctea es una dualidad, ya que por un lado me está invitando al reino de los cielos pero, por otro, me cuenta el Apocalipsis que regresará para invocar a todas las pesadillas imaginable a salir de mi culo –y del mío, nada más, por ser tan pecador-. Sin embargo, todo eso es para que lo amemos incondicionalmente, y aún en su glorioso despliegue de fuegos artificiales en el Día del Juicio, no deja de ser el buen Jesús –una dualidad, pues… o leve caso de esquizofrenia. Imagínense que quisiera ser como Satanás, allí sí sería para preocuparse.


Las mujeres contemporáneas tienen esa maldita maña de llevárselas de “mamá de Tarzán” –por no haber analogía más certera-, y se envalentonan aún más cuando un hombre se pone en camino de sus deseos, porque ellas no se van a dejar discriminar por un hombre, y le van a hacer ver que son mejores que él. Eso está bien, siempre y cuando se haga bajo argumentos razonables. Sin embargo, aquí radica el problema: las mujeres se ponen “dime que direte” con nosotros pero de una forma bastante especial: si nos quedamos callados, es que ellas se han impuesto ante la “discriminación”; si les respondemos, hasta nos van a topar a la Procuraduría General de la República o cualquier dependencia que nos pueda cortar los huevos por decir “no”. De nuevo, en ningún momento estoy diciendo que no haya menosprecio, pero estas situaciones se dan en cualquier caso posible, y estoy seguro que a cualquier hombre le aplauden las nalgas cuando ve entrar una de estas amazonas en su cubículo.


Es en estas instancias cuando las mujeres toman su rol de desprotegidas, dando un serio contraste con el Hulk que acababa de arrasar con el despacho y dignidad del pobre hijueputa contra quien arremetieron. Las mujeres apelan a que nadie las comprende, que están solas en este mundo sembrado de vergas y que a cualquier contra argumento se les está viendo de menos por ser mujeres, porque es un hombre el jefe, que porque la esposa lo ha de tratar mal, que aquí, que allá. Y a llorar. Y a comer sorbete.


No crean, sin embargo, que esta tontería se estanca solo en lo arriba planteado, también se puede observar en las relaciones. Puta, escuchen a sus novias, queridos congéneres en la genitalia: ellas dicen que los dos forman un solo ente ente –ajá-, que los dos deben velar por el futuro de la pareja, pero si algo sale mal, es culpa del hombre por ser un insensible, tonto, corto de visión, y demás. Es más, una mujer vive tan en el pasado que aún cree que el hombre debe iniciar la relación, porque Dios la salve de las redes de la prostitución si ella llega a declararse primero. Pero si nosotros no lo hacemos, “no tenemos huevos” o no las queremos suficientes. Ve, qué bonito. Yo no sé si ustedes se dejan mangonear así –seguramente, sí, las mujeres son tan brujas que con un beso bien puesto consiguen lo que quieren- pero a mí no me andan con esas mierdas. Si de verdad siento la necesidad de decirle a alguien que la quiero para mí, pues lo hago y ya está, y si no, espero señales para estar seguro… y si ella me lo quiere decir, pues para mí mejor, la voy a apreciar aún más por haberse sobrepuesto a los estigmas sociales para estar conmigo. Aunque dudo mucho que después de este articuliche eso vuelva a pasar algún día.


El gran problema de las mujeres no es más ni menos que aún no se han creído que la sociedad las puede llegar a tratar bien. Todas las luchas de mitad de siglo pasado por la igualdad se han venido al traste por estas rameras templarias que creen que la única forma de “derrotar” al hombre es siendo como él. Claro, no dicen nada cuando un monumento a la belleza asciende puestos en una empresa solo porque tiene tanta chiche y culo como para tres vidas y media. Esto no es una generalización, claro, porque conozco mujeres muy centradas y que saben como moverse inteligentemente en la vida. Ahora, quisiera continuar –y quizá lo haga cuando regrese del trabajo-, pero ya es hora de ir a maquilear.


Y no crean, la siguiente entrada es dirigida a los hombres.


Chepe


PS: Siento haberme tardado más de tres meses… pero puta… he estado tan atareado en el trabajo y con mi mujer –ja ja- que no me había quedado tiempo de predicarles la buena nueva, pero más vale tarde que nunca.


PS: Si puedo, extiendo y edito más esta entrada cuando regrese, siento que ya les debía algo (si es que todavía esperan de este lugar, como el tipo que me dijo que no sabía escribir en un comentario hace poco).


PS: Lo de los vientos que menciono al principio es porque esta entrada iba a salir en noviembre, cuando estaban arreciando los nortes. Preferí dejarlo porque me gustó, ¿y qué?


PS: Debo aclarar, no soy misógino, solo bien pendejo.