domingo, 21 de agosto de 2011

El arte de ser prescindible (auspiciado por Kalena de Velado)

Buenos días, gente preciosa. Hoy me levanté más temprano que de costumbre y, para variar, decidí leer nuestros periódicos en línea para ver de qué putas me estaba perdiendo en este sainete diario que vivimos en el país. Entre noticias de Benedicto XVI hablando más sandeces que un paciente de ciclotimia, el aumento de $6000 en viáticos a los diputados y Funes queriendo reformar la ley antitabaco para que se pueda fumar en bares y universidades –evitando así una guerra civil-, encontré un artículo de opinión de Ernesto Rivas Gallont (conocido como Areneto Rivas por los bloggeros de izquierda). Hablaba de cómo el Internet podía servir a los fines de promoción eclesiástica, tal y como han hecho los mormones con dicho medio. Me pareció muy inteligente, como suelo considerar sus textos y, rendido, pensé que no iba a encontrar nada que hiciera reverberar de alegría a mi culo. Ah, ¡cuán equivocado estaba! Un poco más abajo, me percaté de otro artículo que rezaba “Devolver protagonismo a la familia”. Al reflexionar en cuán cautivante me parecía el título, hice click en el link –ja-, y al ver el nombre de la autora y su foto, solo pude espetar, secamente, dos palabras: vieja puta.


Por supuesto, mi epifánica atribución ninfómana para esta matrona de la indecencia intelectual no podía haber sido mera casualidad o producto de mi exponencial necesidad de aferrarme a la coprolalia. Al terminar de leer su texto, mis dudas fueron acalladas: como el soldado romano al ver el espectáculo montado por la parca al llevarse a Cristo a los infiernos, reafirmé que, realmente, esta señora es una soberana vieja puta. ¿Por qué? Como hice hace tiempo con un texto en el que criticaba una homilía en San José de la Montaña, citaré por puntos las partes más relevantes de este artículo y daré mi opinión al respecto. ¡Ea!


  1. En El Salvador no existe una cultura institucional fuerte debido en parte a que no existe una cultura de familias formales, basadas en el matrimonio (…) En la Historia Nacional de Costa Rica se puede apreciar que hay una trayectoria cultural a favor de la familia, originada en el matrimonio, dando lugar a una población educada y culta establecida por un rico entorno de familias numerosas.

En otras palabras, Costa Rica le debe su estabilidad económica, política y social gracias a que hay una “trayectoria cultural” pro familia en su historia –o a través de, no comprendo. Nada tuvo que ver su desligue temprano de las alianzas centroamericanas post independencia en la que países como el nuestro hacían convenios nocivos con transnacionales, forjando su propias leyes de mercado interno y externo y administrando por sí mismos sus recursos. ¿Qué decir de su fuerte empuje por educar la mayor parte de su población? ¡Patrañas! ¿Del respeto por sus recursos naturales? Nada de eso, todo se resume en el matrimonio.


Me pregunto cómo puede asegurar la señora que el respeto a la institucionalidad esta directamente ligada al fomento de esta instancia civil. Veamos algunas cifras. En El Salvador, hubo 6,201 divorcios en 2008 (fuente: DIGESTYC)*; en Costa Rica, 10,926 en 2007 (fuente: http://www.radiolaprimerisima.com/noticias/25430 ). Se podría argumentar que Costa Rica es un país más grande y que la cifra es pequeña comparada con la cantidad de gente que vive allí. Se equivoca. ¿Sabe cuánta gente vive en Costa Rica según los registros del Banco Mundial en 2009? 4,578,945 ¿Qué hay de El Salvador? Según el censo de 2007, en este país vivimos 5,744,113 (cifra que, obviamente, sabemos que está muy desfasada). A fuerza de ser redundante –porque en esta vida hay gente que no capta-, ese remero de números quiere decir que ellos, que tienen menos gente que nosotros, se divorcian más seguido. Déjeme ir más allá: según http://www.teletica.com/noticia-detalle.php?id=98525&idp=1 , solo hasta mayo del presente año ha habido más de 4,000 divorcios en Costa Rica, y se especula que la cifra se doble en los siguientes seis meses a una tasa de un divorcio por cada dos matrimonios. Detesto citar estadísticas, pero qué bellos pueden resultar los números.


  1. Esta básica estructura es la clave para inculcar un marco de seguridad institucional a niveles más elevados, siendo además el hogar la mejor escuela de valores para lograr la estabilidad social tan atractiva a la inversión extranjera (…) porque lleva el ingrediente mágico: el amor, pues para enseñar y aprender se requiere sentirse amado incondicionalmente.

No sé de donde se saca –o si ella sabe qué quiere decir con- eso de llevar la seguridad a “niveles más elevados”, a lo mejor habla de inculcar esta doctrina que predica a miembros del Ateneo de El Salvador. La seguridad social e institucional se basa en el respeto al derecho ajeno, como decía cierto don nadie irrelevante para el mundo si lo comparamos con Doña Kalena de Velado. Pues bien. Voy a hacer un caso comparativo de nuestro acervo cultural comparado con el costarricense. En este país, si vemos a una prostituta –ya no se diga un travestido- en la calle esperando clientes, lo primero que hacemos es gritarle improperios o chiflarle despectivamente, con el único temor de recibir justicia por tal actitud de parte del padrote. Lo invito a hacer eso en Costa Rica y usted, aunque sea extranjero, recibirá una multa por lo menos.


¿Por qué? Podría hacer mención de que el planteamiento de esta señora es nulo gracias a las cifras antes mencionadas, pero habrá quien me diga que no importa la calidad, no la cantidad. Ciertamente, pero conozco muchas familias salvadoreñas unidas con valores cristianos –huy- en la que el padre inculca el desprecio hacia los homosexuales masculinos (recordemos que las lesbianas son ampliamente aceptadas). Cómo podrá deducir, el ingrediente mágico poco tiene que ver con la forma como se aborda a personas con dicha preferencia sexual.


3. Una tercera idea para sanar la sociedad sería recuperar la importancia de la familia entre los adultos utilizando la escuela como plataforma. Y el cuarto punto sería retomar los valores de la escuela clásica: La conciencia moral (iluminar la razón), la prudencia (aprender a hacer bien el bien), la justicia (aprender la equidad), la fortaleza (lleva a la responsabilidad) y la templanza (autocontrol) son cualidades descubiertas por los griegos y mejoradas por la cultura cristiana para forjar el carácter del estudiante.


Como la doña no le da mayor relevancia a la “tercera idea” al punto de relegarla a menos de dos líneas, yo tampoco perderé mi tiempo en ella y dejaré que caiga sobre su propio peso. Déjeme quedarme con los descubrimientos de los griegos a quienes, según nuestra escritora favorita, les debemos la moral, la perseverancia, las buenas costumbres y hasta el control del esfínter.


No soy filósofo ni me esmero en serlo, pero sé que no puede haber parangón entre las definiciones arriba dadas de cultura a cultura. Es inconsecuente. Cada sociedad ha forjado su idea de equidad (estratos indios* desembocando en los “intocables”), conciencia moral (ir a misa todos los domingos, entre otros rituales, por parte de los católicos), justicia (inculcar el culto a Alá bajo cualquier consecuencia), autocontrol (vida de celibato y reclusión por parte de los tibetanos) y la fortaleza (salir con un hígado funcional de una cantina irlandesa en el Reino Unido). Hacer una generalización de estas no solo sería uno de los más grandes atentados de la globalización hacia la autonomía cultural, si no que fomenta la cultura de “mi verdad es mejor que tu verdad”.


Resulta un tanto ridículo que esta mujer, por lo anteriormente mencionado, asuma que el cristianismo ha mejorado estas cualidades. Empezando porque la Biblia no es un libro original en su mensaje (salvo el de amar al prójimo como a uno mismo). Todo el mensaje pregonado por Jesús de Nazaret no es más que una recopilación de lo bueno de otras culturas religiosas. Además, ¿mejorado para quién? Olvida que la religión es el método de control social más poderoso que existe, y aunque en esta perspectiva ella tenga razón, la soltura con que disemina que el cristianismo ha perfeccionado tales no es más que una gamberrada de fanatismo religioso.


  1. Una educación para ser Integral debe ser Ética. Por eso la educación sexual integral “consiste en la consecución de un conocimiento adecuado de lo que es la sexualidad, que va desde su desarrollo hasta la culminación del encuentro físico entre un hombre y una mujer, que apunta hacia la madurez psicológica y la plenitud de la persona (…)” (Enrique Rojas).

Muy bien, a lo mejor tenga razón en este punto. A fin de cuentas, la actividad sexual prematura y sin mayor formación puede desembocar en… ¿perdón? ¿Ah, sí? Acabo de recibir una llamada de Galadriel, mi secretaria personal, recordándome de cierto personaje histórico que se casó a los 13 años y que terminó haciendo revuelo –nada importante, claro- en Sur África y en la India: Mohandas K. Ghandi. Ciertamente, alguien poco maduro y pleno. Comprendo qué quiere dar a entender esta señora, pero no puede justificar sus argumentos en que el cristianismo tiene las respuestas de todo, y que el mejor catalizador de estas ideas no es mas que la educación sexual y la familia unida. Mucho menos, ocupar el concepto de ética de manera tan libertina junto a semejantes sandeces.


  1. Parafraseando al ahora beato y al pensador Tomás Melendo, podríamos sugerir: “Cual es la familia, tal es el centro educativo, porque así es la persona”.

Por la gran puta, la única idea cuerda de este papiro de heces es una cita ajena. Pues sí, estoy de acuerdo con ello salvo en un detalle, que espero estar entendiendo mal. Si lee la cita completa del párrafo (que no pondré aquí por razones de cordura), ella da por sentado que así como es la familia, así es el centro educativo. No, no, no. Bajo ese argumento, el colegio San Francisco, afamado por los demás centros privados como la “letrina de expulsados” (lo siento por alguna pantera que lea esto; no comparto esta idea, solo la plasmo y estoy seguro de que están familiarizados con ella) consta de grupos familiares de peor calibre que un cártel de narcotraficantes. Asumir como dicha idea es una irresponsabilidad para el responsable de proveer una regulación educativa que prepare de la mejor forma posible a los salvadoreños: el gobierno.


¿Por qué el gobierno no educa a la gente como se debe? Porque eso los haría pensar. Pensar es muy malo. ¿Cree usted que le conviene a ARENA que sus militantes sepan las atrocidades que hicieron para “defender a la patria”? ¿Qué tal los militantes del FMLN al darse cuenta de cuántas familias lloraron por sus familiares muertos después de pagar infructuosamente los rescates? No me hagan dar un estimado, siquiera, de cuánta gente votaría por Rodolfo Parker (pista: se pueden contar con las orejas de su cara, y una de ellas no es necesaria). Al gobierno le aterra que la gente lea y, sobre todo*, que tenga habilidades cognitivas. No nos quedemos allí: aunque se construyan escuelas y se provea de docentes capaces, la gente no manda a sus hijos a estudiar porque es más conveniente y necesario que trabajen para poder sustentar las necesidades del hogar. Es un círculo vicioso –soy tan predecible- al que nuestro ministro de educación y arcipreste de los derechos de los salvadoreños, Salvador Sánchez Cerén, buscó resolver brindando uniformes y útiles escolares a familias de escasos recursos. Como no puede ser de otra forma, hay mucha gente que aún sigue esperando su paquete escolar.


**


Me parece risible que esta señora tenga licencia de escribir junto a Neto Rivas que, si bien no es un hombre cuya totalidad de ideas irradien intelecto a borbotones, al menos es cuerdo y escribe honestamente. Esta mujer, en cambio, es una cachiporrista del cristianismo, haciendo maromas para recibir el aplauso fácil de compradores de periódico buscando su cuota de moralidad en sus textos. Cuando un artículo tiene la credibilidad de un pasquín de Condorito, la nebulización con cloroformo es un deber.


Chepe


* Tuve que recurrir a esta fecha porque en este país nos actualizamos cada lustro.

* Nunca utilice hindú como gentilicio de India, pues ese término es reservado para quienes practican el hinduismo y, verá, no todos son hindúes en ese país.

* Recuerde que debe escribirse separado. “Sobretodo” es un abrigo que cubre todo el cuerpo.

jueves, 11 de agosto de 2011

El Salvador, hoy (parte 4)

Buenos días, mis bienamados y bienamadas. Antes de que broten los reclamos, sí: faltan la segunda parte sobre los hombres y la cuarta de la educación, y quién sabe qué putas más. Parecerá excusa, pero sufro en carne propia las mieles de trabajar en la madrugada por unos cuantos dólares más. Por supuesto, como un estudiante de comunicaciones de cuarto año, debería estar buscando un trabajo social y profesionalmente más rentable y gratificante, pero en este país somos tan animales que exigimos experiencia laboral al recién graduado, y a menos de que para eso cuente trabajar en Starbucks o volarse la gallarda paloma –ambos trabajos loables-, entonces estamos jodidos.


A eso, precisamente, va mi entrada de hoy: cómo la mediocridad se eleva por sobre los cánones de la decencia. Debo aclarar que no solo me refiero a esta en cuanto a destrezas laborales , sino también intelectuales. ¿Quién putas soy yo para sancionar los siguientes decretos? Pues bien, si Dios fue capaz de abandonar a Jesús mientras pendía de la cruz, si hay público para ir a ver Los Pitufos y si la muerte aún sigue jugando al ajedrez con Castro, pues entonces el más preclaro de los gordos cerotes –léase: yo- tiene tanta potestad de hablar majaderías como la del dólar de residir en la faja de una bailarina del LIPS. Comienzo.


Mediocridad laboral


Para que usted se dé cuenta de qué tan tóxica es la idea del salvadoreño vulgar –redundancia, lo siento- a la hora de evaluar su ambiente laboral, es pertinente mentalizarse en que el ascenso (al igual que los aumentos salariales) no se consideran escalones en tanto que dádivas. Un ejemplo de esto es escuchar a la vieja puta con personalidad de trapeador que tiene a su lado hacer el escándalo diario sobre cómo, después de trabajar durante 40 años en la misma compañía, no ha hecho más que archivar documentos en un escaparate. Que nunca se apreció su valor en la empresa. Que su conocimiento de la logística (palabra que seguramente aprendió en alguna telenovela) del entorno la haría una excelente supervisora. ¡Ea! Un papagayo con un ancla en el culo hundiéndose en ultramar resultaría menos grosero.


No nos quedemos con este modelo, que hay otros peores. Enfoquémonos en el periodismo salvadoreño. Desde antes de la guerra, esta disciplina –ojo, que no ciencia, necedad que cierto cabrón estúpido establecería como perogrullada ante mis compañeros de clase- se ha ocupado para dar acogida económica a aquellos que por deficiencias intelectuales o económicas no pudieron ejercer estudios superiores… en el caso de haberse graduado de bachilleres. En un país tercermundista como este, con el conflicto armado cocinándose, Monseñor Romero descendiendo al averno y el clima político enervándose, no es raro que la rebusca por un empleo que satisficiera las más básicas necesidad de supervivencia dirigiera a muchos al periodismo. A fin de cuentas, ¿qué cuesta irse a parar frente a una pila de muertos, preguntar a unos cuantos qué paso y hacer una nota periodística? Sin menospreciar este tipo de acercamiento, que en un contexto tan peligroso como el ya establecido era casi como firmar el suicidio, reconozco que es un sistema que debió haberse abolido –o, al menos, reducido- luego de terminado el armisticio, no porque no sea efectivo, sino porque se necesitaba un tipo de periodismo más profundo, deliberado y libre de tendencias radicales adquiridas durante las últimas dos décadas.


Por desgracia, los mercenarios de la pluma siguieron brotando durante los noventa y aún en la pasada década, alimentados por los fósiles remanentes del caso anteriormente expuestos. ¿Quiere encontrarlos? No vaya muy lejos, solo fíjese quiénes dirigen dos de los grandes periódicos del país con tendencias políticas muy diferentes: Francisco Valencia, del Diario CoLatino, a quien debería rebautizarse como Bob Esponja en honor a sus buenas intenciones con poco menos que torpes resultados; mientras tanto, en el Diario de Hoy, tenemos a Enrique Altamirano, con un acervo cultural envidiable pero con el sentido común de un mascón para retrete. Ambos, vistos por sus respectivos apóstoles, como héroes del periodismo. Apóstoles, por cierto, que siguen ocupando la palabra bizarro como sinónimo de extraño. Para su información, porque a lo mejor usted tampoco lo sabía, bizarro significa valiente. Ya ve, aprendió algo nuevo en este relleno sanitario que manejo.


Mediocridad Intelectual


“Habilitar el matrimonio entre personas del mismo sexo sería romper las últimas líneas de defensa moral de la sociedad salvadoreña” – Rodolfo Parker dixit


Estoy consciente de que Rodolfo Parker es uno de mis fetiches, pero no porque piense que el tipo es un completo idiota. No quiero parecer blando, a lo mejor el hombre tiene alguna característica redimible; desgraciadamente, cada vez que opina sobre algo tiende a dejar sus habilidades cognitivas en seria evidencia. El tema de las uniones entre parejas homosexuales es un termómetros intelectual bastante fiable. Pregúntele a su conservador más cercano qué piensa del amancebamiento gay, y luego sobre el matrimonio: será como haberle dado palomitas de maíz con fulminantes.


Hace un par de meses, mientras estaba chupando yo solo en el Friday’s, tuve el honor de asistir a un convite de ilustres trogloditas que se encontraban en otra mesa, quienes discutían y razonaban a un nivel tal que ni la intromisión de un Deus Ex Machina hubiera logrado detener semejante eclosión de astros. Le presento, de la manera más íntegra que pueda, el evangelio de esta pléyade de semidioses:


Mujer 1: Ay, no. Es que cómo se está poniendo de moda eso de hacerse gay vea.

Hombre 2: Puta, de plano que sí. No hace poco el Charlie salió culero.

Hombre 1: Men, desde que me di cuenta ya no lo puedo ver a los ojos.

Mujer 2: Y no solo él, mira la Tita, acordate que después alli salió con esa su noviecita…

Mujer 1: Ah, pero eso es pasable; o sea, entre dos mujeres está bien, pero ya entre dos hombres…

Hombre 1: ¡Es que da asco!

Mujer 2: ¡Cabal!



Gloria y honor a ti, señor Jesús.


No quiero hostigar más reescribiendo esa tupida plática, pero la conclusión llegó cuando, en unísono, proclamaron el axioma de poco ornato de que está bien que vivan juntos, pero jamás que sean reconocidos como un núcleo familiar oficial, y mucho menos que se les deje adoptar niños. Razones –palabra ocupada con mucha soltura-, varias: que faltaría la figura materna/paterna, que el niño/a se haría homosexual, que sería una vergüenza en el colegio, qué pensaría el Vaticano, que habría confusión al ver a los demás compañeros. Cháchara. Esta misma gente es la que sostiene que los homosexuales no podrán estar a la diestra de Dios. Ah, mire qué vergón. O sea, ¿Dios los crea y después los manda a la mierda? Hay quien se excusa de que está en la Biblia y –¡no más!- desde el Antiguo Testamento, especialmente en libros como el Levítico y el Deuteronomio. Para el Aníbal de turno que siquiera espete semejantes estupideces, cabe recordarle que el Dios mostrado en ambos testamentos es muy diferente; bipolar, si lo quiere más chic. Pablo de Tarso no cuenta para mí, porque un cristiano que se precie de seguir a Jesús no necesita de un “perfeccionamiento” de su doctrina porque, a fin de cuentas, ¿no es suficientemente perfecta su enseñanza al ser el hijo del Altísimo? Hay quién dirá que el término "adulterio" se aplica también en relaciones homosexuales a lo largo de la Biblia, pero eso ya es meterse en batallas semánticas que, obviamente, no ganaré.


Lo triste es que el fanatismo religioso (mal llamado ética en algunos ambientes universitarios) se está extendiendo hacia la medicina. Nada nuevo, a fuerza de ser honestos, pero peligroso. Caer en un nuevo oscurantismo científico solo porque Dios se va a enojar sería un error descomunal. Un buen amigo mío, con una retentiva envidiable y un excelente desempeño en su génesis hipocrático, publicó en Facebook un artículo en el que se hablaba sobre cierta manipulación genética que podría ayudar a combatir enfermedades de toda índole (no recuerdo bien los beneficios). Comentó, debajo de su misma publicación, que reconocía la relevancia de dicha investigación pero que, a su vez, no era correcto porque era jugar con lo que no nos incumbía. Un par de sus compañeros le hicieron el ídem y hasta un catedrático aportó un genial “por que pueda hacerse, no necesariamente debe hacerse”. Me encantaría haberlo puesto tal y como sucedió, pero cuando comenté “Galileo Galilei te manda saludos de parte de la Inquisición”, mi amigo borró la publicación. Él sabe que lo aprecio bastante, pero no tengo ningún inconveniente en citar este pasaje para efectos de comprensión.


El salvadoreño se precia de ser trabajador, ¿sabe? A pesar de que detesto la exclusividad continental del gusto hacia el trabajo, me parece aún más repugnante escuchar la vanagloria regional por tener los mejores centros comerciales. ¿Tiene idea de cómo le vendieron El Salvador a una muchachita colombiana? “Un Estados Unidos, ¡pero en chiquito!” (sin aras de ofender, pues fueron sus papás, también colombianos, los que hicieron tal recomendación. Noten hasta qué punto estamos transmitiendo nuestro gen orate). Los monstruos que suelen defender a El Salvador como el mejor país de Centroamérica por la razón antes mencionada a lo mejor no caen en cuenta de que el turista promedio viene a estos países a explorar fauna y flora para ellos solo conocida en postales o fotos; claro, estos emires son los que rendían pleitesía por el rostro de Ramón Valdés (Don Ramón) para acabar con las extorsiones de las maras.


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Permítame dejar el texto hasta aquí, mi cabeza no da más. Prometo escribir más seguido, para quien aún esté interesado.


Chepe


PD: Aunque no le importe, me siento increíblemente feliz de haber vuelto a escribir. No es sarcasmo: en mi estado, consideraba imposible hilvanar un texto de esta extensión de nuevo. Gracias por leer.

viernes, 3 de junio de 2011

La educación en El Salvador, parte III

Después de un curso que hice en la ESEN para hacerme economista por mandato divino de mi bisabuela, que aún vivía, decidí estudiar lo que de verdad quería: Comunicación Social en la UCA (decisión que por obra y gracia del espíritu santo no mató a la nonagenaria antes de tiempo). En mi carrera he tenido profesores muy buenos, regulares, poco destacables y muy malos. De hecho, decidí escribir esta chanfaina porque pensé que una profesora que respeto mucho estaba intentado que le presentara un trabajo mediocre al pedirme que lo redactara con “términos pedestres”. A pesar de que me sentí increíblemente frustrado, traté de mentalizarme con que estaba intentando ayudar a mi grupo a obtener una mejor nota, o algo parecido. No obstante, no podía quitarme la idea de que se me estuviera pidiendo semejante herejía.


¿Acaso la huevonería aborda a los profesores más talegones? A lo mejor, pero existía otro factor que no había tomado en cuenta: menosprecio hacia los alumnos. Para este caso parecía encajar a la perfección ya que mi profesora había sacado un postgrado en Chicago, lo que supone exponerse a otra cultura académica. Por un par de días, mi conclusión se afianzó como un placebo para alimentar mi corazonada de ser un alumno menospreciado, minusvalorado y todos los adjetivos lastimeros que se le ocurran. Reza un dicho que aquel que escupe al aire termina con el salivazo en la cara –en mi caso, y después de casi dos semanas sin hacerlo, me masturbaba acostado boca arriba en mi cuarto cuando terminé con una mascarilla facial-, y no hay mejor analogía para la epifanía que se abalanzó sobre mi cabeza… y cara.


Recordé a todos los profesores realmente malos que he tenido y las razones por las que de verdad eran terriblemente poco calificados para la docencia: renuencia para llegar al salón, pasotismo a la hora de dar las clases, estándares de calidad a la altura de las fosas de las Marianas –léase: el punto más bajo del océano-, y demás ignominias contra el intelecto. No había explicación lógica a dichos comportamientos porque el que quiere ser profesor universitario sabe a lo que se está metiendo, por lo general. Miré a mi alrededor, entonces, y me di cuenta.


El problema no era mi profesora, o todos los orates que han caído dentro de los vicios arriba mencionados, sino los estudiantes. Antes de que considere mi conclusión más desvacilante que meter la verga parada en una cubeta con hielo, permítame prometerle una buena explicación en la siguiente entrada de esta basura, pues ya me agarró la tarde para el trabajo. Créame, trabajar en la madrugada, lluvias tan repentinas y los chascarrillos de Funes en el trono presidencial –de lo que no pienso escribir porque mi opinión no serviría de nada, además de que ya varia gente en redes sociales y demás medios hizo el escándalo- es tan desgastante que me siento peor que el papel periódico que ocupo para recoger la mierda de mi perro.


PS: Ya edité mejor esta entrada, estaba plagada de horrores ortográficos así como palabras omitidas.

martes, 24 de mayo de 2011

La educación en El Salvador, parte II

La otra gran mentira tiene dos lados: los profesores y el sistema educativo. Si comparamos las materias que tanto el Liceo Salvadoreño como el Externado “San José” imparten durante los doce años que uno funge como su prisionero, encontraremos muchas similitudes: física, matemática, química, sociales, lenguaje, etc. Es más, algunas de ellas sin impartidas por el mismo profesor en ambas instituciones en bachillerato, como física, química y matemáticas. La gran diferencia radica en como estos profesores se desempeñan en uno y otro colegio; en el Externado, si pregunto por “Mingo”, “Charlie” o Monzón –decanos de las materias antes mencionadas- me responden con alegría que son de los recuerdos más bonitos que tienen, que aprendieron dichas disciplinas con fervor patrio bajo el fomento intelectual. Si me preguntan a mí, y lo diré en el mismo orden en que están listados, uno estaba más preocupado en “culturizarnos” en el rock progresivo y su disco duro con más de 200 Gb de pornografía, el segundo pronunciaba la palabra “sexo” cada trago de saliva y el tercero… hizo lo mejor que pudo.


Sin embargo, no es este fenómeno el que me hace envidiar a los pericos. Para quien haya estudiado en el Liceo Salvadoreño al menos hasta el año 2007, sabrá que la materia que nunca salió del itinerario anual fue Religión. Perfecto, colegio católico mariano. Como las matemáticas, uno supondría que la progresión natural de una asignatura como esta sería inmiscuirse más y más en asuntos teológicos que dieran armas al alumnado para defender y entender su fe. ¿Le cuento un secreto? Durante 12 años, ocupamos el libro de Santillana de dicha temática y no recuerdo haber aprendido absolutamente nada. Ahora, quiero aclarar que yo era alguien muy católico, y esta materia me la pasaba por los huevos de lo fácil que me resultaba. Mi interés era genuino, pero cuando todo lo que vas a aprender es que Dios es bueno, la Virgen su madre y los santos no adoran, si no que se veneran… En el Externado, comienzan a estudiar filosofía desde no me acuerdo qué grado. Puta, ¿es necesario que diga más?


No sé si será la irrupción de las niñas o si los hermanos maristas y profesores reflexionaron sobre la mierdera formación que estaban dando, pero ahora ya hay clases de baile, corte y confección, estética avanzada, kinder… ¡y hasta es bilingüe ya! ¡Ah no, pues sí, chis pues puta! ¿Qué hay de aquellos compañeros que tuve que sufrían con inglés y que salieron sabiendo poco menos que nada? Con profesores como Ulises Cuéllar o Julio “Comoputasseaelapellido”, estar en una academia aprendiendo aparte el idioma era de rigor. Algunos dirán que alguien que estudie en el Liceo y no se preocupe de fomentar por sí mismo sus propias actividades extracurriculares cae en la irresponsabilidad. Para el troglodita estúpido imbécil que se atreva a hacer semejante afirmación, tenga en cuenta que no todo el que va a dicho colegio llega en helicóptero, ni es hijo de diputado, narco o empresario, que pagar 90 dólares mensuales doce veces al año (porque Noviembre, aguanta, lo cobran dos veces) no es ningún chiste, especialmente cuando hay más de dos miembros de la familia dentro del colegio. Aún así, para mí todo estaba bien. No había nada mejor que ser león.

lunes, 23 de mayo de 2011

La educación en El Salvador, parte I


Estoy consciente de que al escribir este artículo, posiblemente me eche tierra encima de mis aspiraciones académicas y laborales, pero si ya tengo a medio Tabernáculo detrás de mi trompeta gástrica (léase: culo), no veo como podría irme peor. Para aquellos que hayan leído mi blog desde el principio, sabrán que estudio Comunicación Social en la UCA, y si no me equivoco se cumplirán ya casi tres años desde que escribí esa trilogía de entradas –cuando de hecho la gente departía en este expendio. Quisiera escribir un poco sobre mi experiencia educativa hasta el momento, porque hoy tuve una experiencia un tanto desagradable para mi gusto. Advierto que este post no sea como los anteriores por que es más un lloriqueo, pero si deciden leerlo, por favor aguántenme, les prometo darles lo que les gusta después de esta.


Estudié en el Liceo Salvadoreño toda mi vida, sin dejar un año y sin mayores complicaciones. Entre los míos, destaque por ser el niño del coro –puedo cantar, ¿y qué putas pues?- y por no ser tan pendejo para las clases, aunque no en línea con los genuinos intelectuales de mi promoción. Este colegio siempre se ha visto como uno de los bastiones de la educación salvadoreña, con formación integral en los valores cristianos y profesionales bajo la infatigable devoción de los hermanos maristas. He aquí la primera gran mentira.


Sin menospreciar a mis compañeros, que muchos de ellos son excelentes personas y estudiantes, puedo asegurar de primera mano que mucha gente que salió conmigo representaba a la palabra “vivián” mejor que Rodrigo Teos. Individuos con pocas luces más preocupados de fortalecer su hígado que sus cerebros. No me quiero centrar en eso, sin embargo. Tuve profesores muy buenos y otros muy, muy malos. Execrablemente malos. Pusilánimemente malos. No tuve contacto directo con un hermano marista hasta que llegué a noveno grado… porque le tocó darme clase de religión. De lo contrario, los hombrecitos guardados en sus cuevas. Platicando con amigos que salieron de otras instituciones maristas, se quedaban incrédulos al comentarles este fenómeno porque “sus hermanos” siempre pasaban cerca de ellos. ¿Qué podía ser diferente? ¿Por qué la única forma en el Liceo Salvadoreño para conocer a un hermano marista era ser remitido a la dirección o participar de un grupito menor llamado REMAR –cuyo hermano encargado, al irse a Guatemala en “misión de fe” tiempo después, renegó de sus votos y decidió casarse-?


Muchos años después, con mi hermano recién metido en séptimo grado –se pasó de La Asunción- y el testimonio de madres que aún tienen hijos allí, me di cuenta del por qué no interesaba a los hermanos maristas codearse con el alumnado.


Hasta hace poco tiempo, en el Liceo solo había hombres. En los demás colegios había hombres y mujeres. Mujeres. ¿Se dan cuenta? Resulta que hoy, como abundan las centrales lecheras en mi ex colegio (léase: chiches), los hermanos se han puesto las pilas para erectar los valores cristianos y marianos tal cual astas de bandera. Que conste que no sugiero ninguna falta a los votos de castidad, pero hay que dejarse de mierdas y recordar que los hermanos maristas son hombres con testículos y hormonas plenamente funcionales: como dice una canción que me fascina, “la verga es terca”.

sábado, 30 de abril de 2011

El náufrago II, con Mauricio Funes

Mauricio Funes se ha convertido en el paradigma del desencanto y ha dado lugar a que nuestro Caifás interno rasgue nuestro raciocinio y nos haga escupir sandeces a diestra y siniestra. El hombre, ateo convertido al cristianismo para conmemorar Semana Santa, se fue a vacacionar a Disney Land y allí tenemos al erudito de turno justificando o condenando el viaje. Hace un buen rato, en mi artículo “El náufrago, con Mauricio Funes”, comenté que nuestro Presidente, a pesar de ser tan buen comunicador, solía pecar de imprudente, y el mejor ejemplo de esto fue cuando acusó a Ávila de estar implicado en el asesinato de los tres diputados en Guatemala en base a un montaje en son de parodia por parte de un blog izquierdista de aquí. Después de publicarse esta foto, la opinión pública está más dividida que un par de nalgas devorando un delicioso solomillo de entrepierna (léase: una verga), y no necesariamente por el espantoso atuendo de nuestro presidente.


Hay una pregunta imperante de formular en cuanto a lo que ha sucedido: ¿Por qué? (Mourinho, 2011). ¿Por qué Mauricio Funes, conociendo el backlash político que le esperaba permitió la publicación de esta fotografía? ¿Acaso no sabía que aquí la gente es más sensible que un clítoris y que no hace falta mayor cosa para estimular sus subjetividades? Ronda por allí el comentario de que fue un familiar de Vanda Pignato el perpetrador de dicho acto, ¡solo eso le faltaba a Funes, ya no basta con la ANEP, FMLN y ARENA! Ambos partidos políticos están librando un debate particular del tema en el que los primeros defienden que otros areneros “han robado más” y los segundos satanizando a Funes bajo la excusa de que “he allí el cambio que querían”. Ninguno puede estar más equivocado, ni más correcto al mismo tiempo. Veamos.


El FMLN sostiene que es una hipocresía juzgar a Funes por viajar en vacaciones porque, para empezar, está en su derecho y porque otros presidentes areneros han vaciado su buena parte de las arcas del país. Un argumento de similar bagaje al de que el país está tan jodido porque ARENA se cagó en él, y ni modo. A ver, creen que uno es pendejo. Ya que menciono este último, ¿no creen que la campaña del FMLN debió haber rezado “Hola, somos el FMLN y no podemos hacer nada por el país porque no estamos lo suficientemente educados como para liderarlo; o sea, Fidel Castro era guerrillero pero al menos era un abogado de renombre y hablaba inglés, mientras que nosotros el único idioma aparte del español que podemos mascullar es ‘a verga’. Entonces, dennos su voto y con gusto les daremos cinco años de estar llorando que nadie nos apoya (como nunca hicimos nosotros con ARENA). Así, pues, ya viene el cambio… ¡de cerotes que se engordan la billetera en el ejecutivo!”? Con eso de lado, ¿qué putas importa si los ex presidentes (que no solo los areneros) se han dado la vida de sultanes mientras degustaban las delicias del trono presidencial? Eso ya lo sabe todo mundo, tal sentencia no devela nada que hasta el arenero más radical no tenga en cuenta. Sí tienen razón, ciertamente, en que el hombre tiene todo derecho de viajar. Además, no critique que Funes no hace “turismo” interno, le aseguro que a usted le entrego $15,000 –como mínimo- y la decisión entre el Burj al-Arab de Dubai y el Apulo Beach Resort no será muy difícil de tomar.


Los miembros de ARENA, como con todo lo que ha rodeado al partido de gobierno y su candidato desde que ganaron las elecciones presidenciales, no han hecho más que exigir que Funes entone el mea culpa y comienzan a relamerse al solo pensar que han encontrado la razón perfecta para despotricar contra el otrora paladín de las comunicaciones. Al fin y al cabo, la campaña del Frente prometía un presidente de la gente; ergo, se ha cometido una traición a la nación. Esta lógica solo concebible por los más grandes fariseos de la historia no se la creería ni el residuo genético de Vargas Llosa combinado con el de Roberto D’Aubuisson. Actúan como que si esta situación fuera inédita, como que toda figura política a. de F. (antes de Funes) fuera limpia de pecado y que ninguno de ellos hubiera ocupado el pisto que les dan para viáticos con motivo de darle otro aire a sus hediondos culos. ARENA ha caído tan bajo que justifica su mediocre campaña presidencial –en la que Arturo Zablah (Blablah para los cheros) parecía el candidato y Ávila su limpia botas- y resultados en ver lo mal que está haciendo Funes. No obstante, criticar esta rajada no tiene tampoco que ser condenable, ya que no es justo que se jacte de que puede ir donde el salvadoreño promedio solo puede mientras ve el inicio de cada película de Disney. De nuevo, no comprendo si Funes publicó esta fotografía por decisión propia o si la familia le jugó una mala pasada, aunque ha de haber sido lo primero, conociendo su carácter.


Si dejamos por sentado que todo salvadoreño, por más radical que sea, está consciente de que esto no es un evento sin precedentes, ¿por qué ha causado tanto revuelo una puta foto, que no es la única de tal índole? Lo atribuyo a dos factores fundamentales, dos errores de los que se puede atribuir tal al FMLN, tal a Funes. El primero fue la campaña organizada por el Frente en la que se afirmaba que su candidato era el ángel redentor que, con espada de fuego en mano, purgaría a los pecadores burocráticos, políticos, et al, y traería la felicidad al estándar de pobreza por debajo de la Tutunichapa -¿recuerda alguien qué pasó con aquella lista de plazas fantasmas que leyó el recién electo?-. La gente tenía mucha esperanza en el Frente porque, por fin, presentaban a alguien que de hecho hacía honor a haber egresado, siquiera, de la universidad. El segundo error fueron las decisiones de Funes durante su campaña, siendo dos de las más sonadas la elección de Salume como arzobispo de la CEL y, peor aún, su cambio de vivienda. Tanto a militantes de derecha, izquierda y asexuados –léase: sin definirse- les pareció chocante enterarse de que el candidato independiente del FMLN de repente viviera en una casita bien chiva y que se viera tan rodeado de pisto como Rico McPato. Añadiendo estos dos factores al subconsciente de la gente, tenemos una hecatombe a la confianza que le pregonaban porque no llegan a comprender cómo su presidente puede estarse dando la buena vida mientras ellos se cagan del hambre porque si tienen comida, no tienen gas, y viceversa.


No condeno que Funes viaje, su condición de presidente no lo exime de tal placer, especialmente cuando, siendo empleado público, tiene vacaciones programadas por el Código de Trabajo. El problema ha sido el timing de su viaje y su divulgación. En este país, como dije también hace bastante rato, los salvadoreños somos como los perros porque todo lo vemos en blanco y negro. Funes debe amoldarse a este fenómeno y actuar acorde si no quiere que su ciclo acabe en un coup de e'tat o, peor aún, con Rodolfo Parker de presidente.


Chepe


PD: Si quiere leer estupideces más seguido, le sugiera que me siga en Tweeter: @Cormajo . Hágalo, no sea vivián.


PD: La segunda parte de los hombres aún sigue cocinándose, es que últimamente me cuesta mucho escribir…


viernes, 4 de marzo de 2011

Los hombres, parte I


Antes de empezar esta homilía, quisiera dar las gracias a las maravillosas mujeres que comentaron la entrada anterior. Cuando regresé del trabajo, abrí el archivo para agregar un par de cosas más, pero dispuse no hacerlo después de leer los comentarios de mis lindas ninfas cibernéticas, quienes apuntalaron muchas de las cosas que iba a añadir, y unas cuántas más. Muchas gracias.


Los hombres, qué maravillosas criaturas –dejo por supuesto que solo me referiré a los varones en esta entrada-. Nos creemos el sexo fuerte, libre de fallas, emocionalmente más resistentes. Para que vea usted, hasta nos jactamos de que miamos parados. Pues fíjese que aquí empieza el primer problema: si bien es cierto que orinar parado es conveniente, nada en esta vida viene de choto (¿quiere coger con su mujer? Cásese, de lo contrario póngale candado a su riata). Así, si a una mujer que está orinando le entran ganas de echarse un pedo, tan las panchas manda el fax y listo; no obstante, si a un hombre a media miada le agarran sopores gástricos, más vale socar el esfínter so pena de encontrarse con un tamal de mierda en el calzoncillo.


Con las mujeres, senté un axioma (reflexionando, no sé si puedo calificar así a mis disparates), y creo que me servirá hacer lo mismo para planteamientos posteriores. Si la mujer desea ser como el hombre, entonces podemos asegurar lo siguiente -agárrese, voy a gritar de nuevo-:


EL HOMBRE DESEA SER COMO UN ANIMAL.


Para el hijo de puta con monóculo que está a punto de decir “ay ez que ezte tipo zi que ez un gil, zi el hombre de por zi ya ez un animal, obvio que va a zer como uno”, lo invito a que use su boca para fines más útiles, como hacerle un car wash con encerado incluido a la pija de Will Salgado. Pues verá, los hombres somos tan, pero tan estúpidos que entre más salvaje es nuestro comportamiento, más machos nos consideramos. Lo peor es que esto empieza desde chiquitos, ¿quién no recuerda la típica disputa de “mi papá es mas fuerte que el tuyo”? Por supuesto, esto evoluciona en el más que cliché “te voy a montar verga si te acercás a mi mujer”, y demás. Para que vea que no soy tan burro, déjeme darle un ejemplo más sutil: la música. El verdadero varón destruye-hímenes tiene que escuchar blackmetrashtalcore (definitivamente, las sinfonías y oratorios que le componen al diablo para que disfrute su Chianti Superiore en sus aburridas tardes infernales), porque todo lo demás es culerada. Mire, no es por criticar estos géneros, pero escuchar a Taz -el demonio de Tazmania de la Warner Brothers- es auditiva y musicalmente superior. Déjeme ir más lejos: ¿ha sido su hijo un accidente y todo intento abortivo fracasó? ¡Pare de sufrir! Póngale a todo volumen una de estas avernas composiciones a ese cerote a mitad de la noche y mírelo explotar. Por ende, al que no le guste Metallica, es culero. Al que no le guste el grunge, es culero doble. Al que le ponga un solo pero a Guns n' Roses, es tres veces culero y encima se le achaca disfrutar de la música de Britney Spears y Hilary Duff. Esto no solo implica perder el estatus de heterosexual –y digo “estatus” porque esto es lo más importante para un verdadero salvadoreño-, sino también toda credibilidad en la vida.


No nos quedemos allí. ¿Qué me dice de la forma de vestir? Ese es otro… no, lo siento, no puedo superar el punto anterior. Centrémonos ahora en otro tipo de música por la que también uno puede ser catalogado de vetusto, acabado, retrograda. Si no le gusta The Killers, no sabe de la buena música. Si no eyacula con Coldplay (no sé si va unido o no, me vale tantas vergas le quepan en el culo a Donato Vaquerano), no ha vivido. Si Lady Gaga no representa un símbolo de liberación, pues… ¿sabe qué? Se me acaban de venir una catazumbada de ideas la mente que se me habían olvidado sobre la entrada sobre las mujeres, si les interesa que las publique, háganmelo saber en los comentarios. De momento, ya me desvacilé y dejo el tema de la música hasta aquí, creo que ha quedado suficientemente claro. No se preocupe, aún hay mucho que tijeretear.


Siempre he pensado que los hipopótamos son animales interesantes. Son gordos y mierderos, tienen un semblante bien pendejo y juraría que su propio cerebro apelaría al suicidio si cobrara vida propia y se viera encerrado en una coraza tan mediocre. Ah, pero Dios no quiera que una de estas bestias se empute porque corren como si llevaran un generador de fisión nuclear en el culo y son más feroces que la erupción del Vesuvio. ¿Qué razones podrían detonar a estas bazookas de la naturaleza? Entre otras, que se deambule en su territorio y que se metan con sus hembras. No me parece mera casualidad que tanto el cuadrúpedo en cuestión como el mariachi salvadoreño –o ebriachi, si es que alguien aún se acuerda de eso- reaccionen de forma similar ante dichas situaciones. La diferencia es que cuando el cerdo gigante (el hipopótamo) deja quieto a su rival, le permite retirarse; el Rambo guanaco, por su parte, guarda un rencor más grande que los judíos por los tambos de gas hacia el agresor. No se ría, que es muy posible que usted sea de los que no soporta la idea que otro semental se quiera empotrar a su yegua, el solo pensamiento lo corroe. Y no me venga con mierdas, que mientras usted se dice a sí mismo con falso orgullo “que se la lleve, después le va a hacer lo mismo” su diafragma se contrae en sí mismo más estrepitosamente que la casa de los protagonistas de Poltergeist.


Dígame, ¿cuál es la gana de jurarle venganza eterna al que se atreva a conquistar a nuestras mujeres? La respuesta es bien sencilla: el orgullo por sobre el sentido común. El semental promedio no se pone a pensar que cuando le bajan a la mucura es porque el hombrecito en cuestión tiene algo mucho más interesante, sea física o intelectualmente. ¿Qué hacer, pues? Nada, a diferencia de los hombres, que nos vamos por aventuras y después siempre regresamos al cariño de la misma (para algunos, la mano), cuando una mujer ha decidido irse, se va, y pocas veces cambian de opinión. No hay razón de querer matar al tipo, ese es comportamiento de orangutanes… no, ni siquiera de dichos animales, pues ni los insectos matan por convicción a uno de su misma especie. Imagínese, somos más cavernícolas que una piedra. Ni siquiera debe ser mujer de uno para celarla, solo con eso ya hay de qué pensar.


Hablando de menesteres trogloditas, no podemos ver una mujer bonita porque ya parecemos asta de bandera apuntando hacia los cielos. Eso está bien y es normal mientras que no afecte nuestro raciocinio, si es que hay. Verá, la mejor alegoría para definir la irregularidad de un hombre ante una mujer bien dotada por Jehová –que se jodan los genes, ¡la sangre de Cristo tiene el poder!- es observando una verga parada: fíjese en dicho retoño de la virilidad y observe como, aún en su triunfo sobre la gravedad, el bombeo de sangre le hace vacilar levemente en su otrora disciplina militar. Dicho aumento en la potencia de la irrigación sanguínea puede convertir a un Neruda de los piropos y puteadas en un completo tatarata. Esto me lleva al siguiente punto: los hombres nos jactamos de que somos superiores a las mujeres ya que no nos viene la regla y, por consiguiente, no nos convertimos en Mr. Hyde cada mes. No es necesario, mis queridos neandertales, basta con que una mujer ande pavoneando las nalgas para que de la nada nos elevemos a un nuevo nivel del intelecto. Pongamos de ejemplo a José Pedro Rodríguez Martínez en dos situaciones diferentes para que veamos cómo un hombre pasa de ser un simple mortal a un Power Ranger de la labia:


José: No viejito, yo lo que creo es que vos no andas en la jugada porque no te llega Maiden, esa es música de hombrecitos; esa tu mierda de Hillary Spears nah, las buchas están buenas para un triqui trique pero hasta allí. A ver si te bajan los huevitos ya, así es el fútbol compadre.


José (ante una mujer bonita): Hola mi reina, ¿qué ondas pues? Hey, ¿cuál es esa rola que estás escuchando? Es que siempre me llego, hace años que salió y siempre quise saber cómo se llamaba. ¿Lucky, de la Spears? Ahhh, imaginate, ve, uno nunca sabe lo que le puede llegar, vea.


Es un asco ver como cambiamos de la nada ante mujeres que nos parecen atractivas. No sé si las mujeres notan esta actitud, pero es culpa de ellas el no reprender semejante hipocresía. No estoy condenando que un hombre demuestre, con su comportamiento, que tiene interés en hospedarse entre las piernas de una hembra, pero una cosa es demostrar fascinación y otra total idiotez.


Otra tontería que se me viene a la mente, y por consiguiente otro factor para medir la hombría, es el conocimiento sobre automóviles. Acepto que soy bien tonto y que no sé la diferencia entre un valero y una tijera, pero eso no implica que eso me convierta en una mujercita –que no tiene nada de malo, pero es el calificativo que le dan a uno-. Si bien es cierto que algunos personajillos sí conocen qué parte del carro va dónde, es triste enterarse de que la mayoría que se jacta de poder armar un carro entero con un desatornillador, un empaque vacío de condones y un Frutsi adquirieron sus conocimientos jugando Need For Speed o alguna barrabasada similar. Es como que yo quisiera ser un maestro de la equitación viendo un maratón de Mi Pequeño Pony en el canal 6.


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Como el título implica, aún estoy editando la segunda parte, pues no me parece tan bien hecha como esta primera -ja-. Supongo que es porque no he dormido mucho y me cuesta enlazar algunas ideas y blasfemias. Permítanme descansar un poco, e intentaré darles la segunda parte lo antes posible.


Chepe


PD: Gracias por seguir leyendo estas estupideces, sé que soy inconstante, pero espero -pero es-pero, JA- haber logrado apaciguar las ansias con esta entrega.